fotografía de Lydia Nada

¿Ya te compraste la agenda del nuevo año? ¿Una con portada de colores que te invite a superar todos tus límites con el superpoder de tu actitud positiva?

La positividad está de moda. Nos encontramos el mensaje de que “creer es crear” en la taza del desayuno. La pared nos dice desde un lettering colorido que “todo lo que puedes soñar lo puedes hacer”. La positividad está por todas partes.

Frases motivacionales diseñadas con la intención de alentar e inspirar. Sin embargo, te animo a que les des una vuelta. A que analices por un momento el mensaje que transmiten… ¡Puedes con todo! ¡Se feliz!

No se tú, pero yo no puedo con todo y no siempre estoy feliz. Así que esta positividad exacerbada me resulta irreal. Un mundo de seres todopoderosos y felices se me dibuja más como el mundo de los unicornios que la sociedad en la que vivimos.

Sí a la positividad 

Para entender esta positividad tóxica primero debemos diferenciarla de la psicología positiva, un concepto que, aunque parece similar, es diferente.

La psicología positiva, impulsada por Martín Seligman en los años 90, pone el foco en lo que sí funciona, las fortalezas y las emociones agradables como aspectos de los que aprender y sobre los que construir nuestros recursos para afrontar los retos.  El problema de la positividad llega con la distorsión y exacerbación de la positividad.

La psicología positiva aplicada correctamente es una práctica empoderadora, pero de forma indiscriminada genera una visión parcial de la realidad que oculta algunos límites de los que conviene ser consciente por salud emocional.

La distorsión nos llega a través del numeroso merchandising de ciertas marcas y ciertas redes sociales y profesionales que se muestran como escaparates exclusivos de éxitos. Mensajes que nos impulsan a ser siempre felices, ver el lado bueno de cualquiera que sea la situación y silencian el resto de nuestras emociones y vivencias no exitosas.

 

Hay 2 formas de positividad tóxica

1. Los mensajes que invalidan emociones

Expresiones comunes en el día a día como “¡venga, alégrate que no es para tanto!” o “no pienses en eso que no te va bien” son formas de invalidar nuestras emociones desagradables. Mensajes bienintencionados que, sin querer dañar, dañan porque niegan la legitimidad de emociones como la tristeza, el miedo o la ira, humanas y necesarias. En su lugar incitan a la felicidad continua de una manera exigente.

Estos mensajes del tipo “lo importante es que tengas una actitud positiva” o “mira el lado bueno” son expresiones tóxicas en cuanto que obligan a las personas a ocultar sus emociones auténticas y sustituirlas por una felicidad irreal. Hay situaciones a las que no podemos verles el lado bueno. Al menos hasta que se ha transitado por otras emociones de tristeza, enfado, frustración… que son naturales y adaptativas.

El camino hacia la salud mental pasa por validar todas nuestras emociones. Todas las emociones tienen una función adaptativa. Todas son útiles, aunque algunas no sean agradables. La ira nos ayuda a luchar contra una injusticia, la culpa a reparar un daño, el miedo a protegernos…

 

2. El ultra empoderamiento

Otros mensajes positivos sobre los que podemos reflexionar son los que determinan nuestra capacidad omnipotente. Mensajes del tipo “si crees, creas”, “querer es poder” o “los límites solo se encuentran en tu mente”.

Piénsalo solo un momento, ¿realmente puedes hacer todo lo que sueñas?  Es cierto que la actitud positiva es uno de los principales motores para lograr objetivos y alcanzar metas, pero en la ecuación del éxito también hay otras variables importantes, como el esfuerzo, las acciones de otras personas o hasta la suerte. En este sentido la positividad exacerbada puede resultar frustrante porque no todo lo que soñamos se puede siempre hacer realidad. No todo está en nuestras manos a pesar de lo que leamos en el vinilo de la oficina o la portada de la agenda.

 

Así que te invito a que analices los mensajes que le restan importancia a tus problemas.  A que te permitas vivirlos como problemas y que te pongan triste o te enfades. Eso está bien. Es humano y nos ayuda a crecer.  Y te invito también a que te des permiso para no conseguir todo lo que te propusiste a comienzo de año. Da igual lo que lo que diga tu taza o lo que ponga tu agenda.