¿De dónde viene “burnout”?

En 1974, Herbert Freudenberger, psiquiatra, trabajaba como asistente voluntario en la clínica Free Clinic de Nueva York dedicada al tratamiento de toxicomanías.

Freudenberger observó que al cabo de un periodo de entre uno y tres años, la mayoría de los/as trabajadores/as sufría una pérdida de energía, desmotivación, falta de interés por el trabajo hasta llegar al agotamiento general que cursaba con síntomas de ansiedad y depresión.

El personal del centro carecía de horario fijo, trabajaba más de ocho horas, tenía un salario escaso y un ámbito social muy exigente. Freudenberger detectó que, en este contexto, las personas se volvían menos sensibles, poco comprensivas e incluso agresivas en el trato a sus pacientes, mostrándose distanciadas y cínicas en algunos momentos con tendencia a culpar al paciente por su propio padecimiento.

Para nombrar este patrón de comportamiento, Freudenberger eligió la palabra “burnout” (estar quemado, consumido, apagado); que tuvo una buena aceptación frente a otros diagnósticos psiquiátricos previos más estigmatizadores.

¿A qué profesiones afecta?

Al principio el burnout se asoció a las profesiones de ayuda, principalmente la sanitaria y la educación. Sin embargo, al avanzar la década de los años noventa se fue observando también en otras ocupaciones en contacto de trato directo con clientes. Hoy en día, aunque prevalece en los trabajos de contacto con personas, hay un consenso de que este «síndrome de estar quemado» puede suceder en diferentes profesiones y sectores.

¿Qué es “burnout” exactamente?

La psicóloga Chistina Maslach, que lleva veinticinco años estudiando este fenómeno, ha abierto a una nueva perspectiva sobre el desarrollo de los complejos fenómenos psicosociales que deterioran a las personas en el ámbito laboral. Para Maslach el burnout es un síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y sentimiento de reducida realización personal asociada al trabajo.

¿Cómo está la situación ahora?

En 2001 la OIT reconoció que el estrés y el agotamiento son problemas de salud mental en las organizaciones y, al fin, tras casi cincuenta años de investigación, en 2022 la OMS reconoció el síndrome de burnout como una enfermedad profesional a través de la CIE- 11 (manual de clasificación internacional de enfermedades) en el que se recogen sus características.

En España, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales destaca el estrés laboral y el síndrome de quemarse por el trabajo dentro del ámbito psicosocial y la jurisprudencia que reconoce el burnout como accidente de trabajo crece año tras año.

¿Qué puede hacer las empresas ante el “burnout”?

El burnout es un hecho que sucede en las organizaciones de manera probada, tiene un impacto profundo en la salud mental de las personas que lo padecen y es una realidad que exige de intervención por parte de las empresas por motivos de salud, éticos y legales.

Como sucede ante otros riesgos psicosociales podemos aplicar tanto medidas preventivas como correctivas.

Medidas de prevención

La prevención se puede abordar desde diferentes ámbitos en función de la cultura, trabajos y procesos de la organización. Entre las medidas preventivas podemos destacar:

  • Organizacionales como las dirigidas a integrar, reconocer, formar, capacitar y dar autonomía a las personas trabajadoras.
  • Interpersonales como el entrenamiento en habilidades sociales, el impulso de liderazgos desarrolladores y sistemas participativos.
  • Individuales como el desarrollo de la inteligencia emocional o la gestión del estrés.

Medidas de intervención

Se diseñan en función del origen y alcance del burnout. Entre las posibles intervenciones destacan:

  • Organizacionales: Cambios en procesos de trabajo, fortalecimiento de redes de apoyo y asesoramiento individual
  • Individuales: Fomento de la resiliencia, técnicas de relajación, terapia cognitivo-conductual.

El Instituto Nacional para la Salud e Higiene en el Trabajo describe las medidas es una detallada nota técnica.

¿Quién debe actuar ante el “burnout”?

Las fuentes de actuación son muy diversas. Por una parte, la labor de prevención y detección es una responsabilidad que deben tomar los/as profesionales de Seguridad y Salud, la Gerencia, ante la falta de esta primera figura, o recursos humanos por la dimensión personal y relacional del problema.

Por otra parte, el cuidado del equipo es una responsabilidad del liderazgo y detectarlo en sus inicios es una oportunidad con la que cuentan mejora las y los líderes por su mayor cercanía física y relacional con las personas.

Por último, la propia persona afectada o sus compañeros/as que lo intuyen pueden hacer valer lo que sucede y solicitar apoyo.

En resumen, el burnout es una realidad y actuar sobre ella una obligación organizacional. Sin embargo, es una realidad que requiere de medidas especializadas.

Las organizaciones no siempre cuentan con los recursos para detectar los casos, analizar los orígenes o diseñar las intervenciones. No es esencial tampoco. Lo esencial es ser sensible al impacto emocional que pueden tener los trabajos y asumir la responsabilidad de actuar.

Y desde esta sensibilidad e intención trabajar de la mano de profesionales especializados/as y organismos de apoyo para alcanzar la mejor salud emocional en el trabajo y el bienestar organizacional.

 

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